COLUMNAS
25 de Noviembre 2009
VOTAR POR LA ESPERANZA
Por: Francisco Gallinal
Se respira ya, por estas horas, en el país entero, el aire del comicio. La potencia, cargada de responsabilidades, de ese pronunciamiento popular inapelable, que se producirá el domingo próximo. Elegir el titular del cargo que encabezará durante cinco años el Poder Ejecutivo y, en cierto modo, el proceso gubernativo en su integridad, no deja nunca de tocar la sensibilidad más íntima del ciudadano conciente. Es una instancia señalada en la que el régimen democrático despliega toda su grandeza: el pueblo decide, el pueblo habla, el pueblo distribuye los recursos del Estado y asigna las grandes tareas que deberá cumplir el sistema político.
La pugna ha sido áspera y quedan por delante algunas horas de ese esfuerzo que realiza toda la militancia, de distintos orígenes, que respalda la fórmula Lacalle-Larrañaga en esta instancia de balotaje. Todos estamos sometidos a cierta fatiga. Aun en tales circunstancias, vemos el panorama con el color de la esperanza. Lo hemos escrito reiteradamente. Hicimos esta campaña de noviembre con esperanza y, sobre el final de ella, nuestro talante sigue siendo esperanzado.
En relación, ante todo, al resultado mismo, al veredicto de las urnas. Los escrutinios de octubre último no admiten simplificaciones. El oficialismo triunfó en la elección del Parlamento, en el que obtuvo la mayoría absoluta, en tanto una oposición serena y razonadora ganó en las dos enmiendas constitucionales plebiscitadas. ¿Cuál de las dos actitudes, del único Cuerpo Electoral, prevalecerá el próximo domingo? Porque la disputa de la Presidencia en segunda vuelta, mano a mano entre los dos binomios más votados, se vincula a la contienda eminentemente partidaria que define la composición de las Cámaras pero no se vincula menos con la preocupación por las instituciones y su funcionamiento que llevó al rechazo, sorpresivo, de los cambios en la Constitución impulsados por una propaganda abrumadora.
Más allá del desenlace de la puja presidencial, vemos esperanzados la jornada del 29 porque de ella surgirá, bien interpretadas las diversas opciones de los sufragantes, un mandato de asumir con seriedad los desafíos que nuestro país afronta, en lo externo y en lo interno, así como de cumplir las labores más difíciles, que el gobierno que termina traspasa al siguiente, sin siquiera iniciarlas en la mayor parte de los casos. Nos referimos a la inserción de nuestra economía en los intercambios regionales y mundiales, al cambio del perfil de nuestra producción y especialmente de nuestras exportaciones, a la genuina reforma de nuestra educación que debe ganar inmediatamente la calidad perdida y adecuarse a las exigencias del siglo veintiuno.
Si el pronunciamiento de la ciudadanía, el domingo, induce dicha seriedad y la contracción a los desafíos y problemas de fondo, el nuevo período de gobierno ostentará el signo del diálogo sustantivo, no exento de polémicas pero constructivo siempre. No tomará ese período los rasgos estériles del predominio sectario de los ganadores sobre los derrotados.
Votar Lacalle-Larrañaga es votar por la esperanza. Serían los mejores conductores de la gestión que los uruguayos esperan y representan, en cualquier alternativa, una plataforma programática rigurosa y posible, la elevación de las miras sobre los vanos enfrentamientos y la conciencia institucional que busca una nación no dividida sino reconciliada en las vehementes aspiraciones a un futuro mejor.






1 COMENTARIOS. Escribí el tuyo
MariaErmelinda 04/12/2009 - 12:38:25
Estas denunciando una infracción o un abuso
Todas las denuncias se tratan con estricta confidencialidad.
Quisiera un número telefónico para comunicarme con el senador Gallinal.